Construyendo un mundo entre Kosovo y México.


Nací en Kosovo, Rahovec; un lugar demasiado pequeño para ser llamado una ciudad y al mismo tiempo para llamarlo pueblo. Mi madre es médico de guerra y cirujana general, mi padre es poeta, escritor y maestro de literatura. Llegue a México por una tragedia, un crimen contra la humanidad, la limpieza étnica que se llevó a cabo en Kosovo simultáneamente con el genocidio de Bosnia-Herzegovina.

Mientras se llevaba esta limpieza étnica, se exiliaron a todos los intelectuales primero, mi padre, siendo uno de ellos, tuvo que huir a Albania con mi madre, mi hermano conmigo. El Parlamento Internacional de Escritores le ofreció a mi padre refugio en Francia, Italia o México; mi padre siendo fanático de escritores mexicanos como Octavio Paz y al mismo tiempo queriendo estar lo más lejos posible de la guerra escogió México.

Llegamos  México cuando yo tenía cinco años, sin pertenencias más que dos bolsas con mudas de ropa. Un escritor francés nos ofreció refugio en la Casa Refugio de Citlaltepetl en la colonia Condesa en lo que mis padres buscaban trabajo. Mi hermano y yo conseguimos una beca en una escuela privada.

Perdí todo contacto con mis familiares en Kosovo a pesar de que no he perdido mi lengua materna y mis padres siguen hablando con ellos gracias a los avances tecnológicos. De hecho, también perdí contacto con mi hermano; nunca hablamos mucho desde que llegamos a México, mis padres trabajan todo el día así que es difícil verlos; me he desfamiliarizado un poco de todos poco a poco.

Practico un arte marcial desde hace cinco años, lo cual me ha alejado de los video- juegos y los vicios; tabaco, alcohol y drogas también.

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