Sientes lo que siento, cuando mis palabras llegan a tu finito silencio.

El silencio de la noche, los nocturnos preferimos escribir de doce a tres o a veces hasta las cinco de la mañana, dormimos poco, la mente siempre se encuentra trabajando, observando, escuchando, callando, interpretando, y algunas veces amando, por eso cuando escribimos transmitimos un mensaje circunstancial, las palabras son instantes.

Escribía Sartre en ¿Qué es la literatura? que uno se vuelve de cierta manera cómplice de quien te lee, espiritualidad, literatura, verdad, estas tres nociones están ligadas en ese momento abstracto y negativo de la adquisición de conciencia; su instrumento es el análisis, método negativo y crítico que disuelve perpetuamente los datos concretos en elementos abstractos y los productos de la historia en combinaciones de conceptos universales.

Pueden leer nostalgia, y sobre esto Cortázar decía que, la nostalgia es buena para la literatura y en la vida, puesto que es la melancolía fidelidad a lo ausente; pero lo ausente no está muerto, hacemos el esfuerzo por reconquistar el territorio de la nostalgia en vez de quedarnos en la mera nostalgia del territorio.

Salimos con el tiempo, porque el tiempo como dicen los viejos sabios cura, es cuando la escritura se convierte, como la música, en un actividad purificadora, rescatadora.
 
Hay libros en donde puedes encontrar a sus autores en las palabras, te llevan de la mano, te transportan a su mundo, es algo que los seres humanos necesitamos, lo pedimos, lo buscamos, quieres sentirte aislado, en otro sitio, menos en el tuyo, estos libros dan testimonio de amistades, gustos, disgustos, amores, desamores, tristeza, ironía, arrogancia, celos, etc., el escritor se muestra como un libro abierto.

Por eso, sientes lo que sienten, cuando sus palabras llegan a tu finito silencio.

 

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