Julio Cortázar sobre Lezama Lima (Cuba)...

Berkeley 1980, en sus clases de literatura Julio Cortázar pronunció lo siguiente sobre Lezama Lima quien conocía cercanamente, Lezama Lima era exactamente igual que cuando escribía. Muchos  lo han acusado de artificioso en su escritura; su escritura no tenía nada de artificioso, él hablaba así.

En su inmensa sabiduría que era al mismo tiempo una sabiduría ingenua porque en él había una enorme ingenuidad hablaba a cualquier persona, que podría ser por ejemplo el policía de la esquina, después de dos o tres frases comenzaba a mencionar a Heráclito, aparecía Voltaire, aparecían los personajes que circulaban en su imaginación.

Claro, el policía lo miraba estupefacto porque pensaba que estaba loco. Esa era la manera de hablar de Lezama, que utilizaba sus metáforas continuamente, por eso puedes entrar de la manera más natural en sus libros. 

Lezama, que prácticamente no salió nunca de Cuba, escribía con letra minúscula largas y encantadoras dedicatorias tremendamente personales. Por ejemplo, en La cantidad hechizada,  escribe: «Para Julio Cortázar, el misterio de la amistad se iguala en ti a la alegre sorpresa de toda tu obra».
 
En la dedicatoria de Paradiso se refiere al ejemplar de Rayuela que acababa de recibir: «Para mi querido amigo Julio Cortázar, el mismo día que recibí su magnífica Rayuela, le envío mi Paradiso», en lo que seguramente sea uno de los grandes momentos de encuentro de la literatura hispanoamericana contemporánea. «Entre Ud. y yo», continúa, «hay un cariño muy grande, sin habernos casi tratado, a veces se lo atribuyo al común, pero otras me parece como si los dos hubiéramos ido al mismo colegio, o vivido en el mismo barrio, o a que cuando uno de nosotros dos duerme, el otro vela y en la buena estrella».



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